domingo, 25 de julio de 2010

El corazón de la matrioska

El egoísmo nació en mis pulmones deseosos de todo el aire. Aire culpable de la hiper ventilación de mis sentidos que al son de aquel egoísmo se movieron con escasa gracia hasta acariciar, con la fuerza de un rinoceronte ebrio, el suelo afelpado.

Hay cosas que poco a poco se revelan, sin condición no es sinónimo de incondicional. Esta fatal confusión nos conduce a la deriva. Somos como los continentes, del Pangea a la separación y después..., sólo queda el vagar-que no es poco-.

Después de la calamidad queda observar, observar nuestra capacidad acíclica que nos conduce- al final- a la continua y desagradable rotación. Nadie dijo que tras el echar uno ve la resta, eso sólo se ve desde fuera, desde dentro el mareo los hace ciegos.

5 comentarios:

Patri Hache dijo...

He ahí la resta

Miguel dijo...

El corazón, a veces, se confunde con la mente. Nuestros pensamientos se tornan emociones, y entonces parece que el mundo flota. A mí me gusta flotar.

Besos.

Daniel Marcos dijo...

Amén.

Lucía dijo...

No te cansarás nunca de dejarme sin palabras, Esther?

Gerard dijo...

Me gusta tu blog. Veo que llevas tiempo con él. Escibes bien para tener dieciséis. Te invito a que te pases por mío.

 
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